¿Hay un periodismo decadente y vigilante? Agosto 5, 2008
Posted by losfundadores in Notas, Periodismo.trackback
*Por Roberto Pochi Valdés
En una sociedad, en toda sociedad histórica, conviven la decadencia con lo lúcido. Y a veces gobierna lo peor, pero el sector lúcido intenta hacer cosas y puede llegar a generar saludables tensiones. A menudo se suele señalar que existe una Argentina decadente, con dirigentes decadentes que generan políticas decadentes. Pero adviértase que los políticos salen de la misma sociedad que los vota, aunque también es cierto que se los vota para servir a la sociedad que los elige. También se suele pedir que hay que contemplar grandes etapas, décadas, para comprender qué es lo que realmente nos ocurre.
Así es como se suele decir que existe una decadencia que comenzó a registrarse allá por el lejano 1975, año en que se prefigura la dictadura militar. Y que luego la política de la dictadura no se habría revisado durante la reiniciación del período democrático en 1983. O que no se habría tocado la estructura fundamental del modelo puesto en marcha en aquellos años, sino que más bien se lo habría profundizado en los aspectos esenciales. Quizá ello puede ser cierto, pero no olvidar que todo eso fue apoyado una y otra vez por grandes franja de la sociedad argentina. Esto no significa indultar a quien robó o roba o a quien mató o prácticó el terrorismo de Estado.
Y dentro de ello funciona el periodismo. La presidenta Cristina Fernández dio una conferencia de prensa en Olivos. Las preguntas hechas por los periodistas generaron verguenza ajena. Incluso algunos intentaban editorializar, a las preguntas les faltaba contundencia, otras tenían que ver con temas menores, otros intentaban lucirse y se metían en jardines imposibles de salir. Si se habría tratado de un examen de la materia “periodismo básico”, casi todos habrían sacado un dos y muy pocos habrían merecido un cuatro.
Todos sabemos que los miembros del gobierno nacional kirchnerista dicen -desde hace varios años- que los periodistas (sean movileros, editorialistas de importante diarios, redactares o propietarios de medios de comunicación) son cuasianalfabetos, corruptos, burros y que escriben o hablan de cosas que no entienden, y que esto sería una de las causas fundamentales para no ofrecer nunca una conferencia de prensa, ni siquiera breves declaraciones al término de un evento.
No es una argumento fuerte, aunque el diagnóstico sea totalmente acertado o acaso sea una verdad a medias. O que eso esté destinado a una parte de los periodistas. También el oficialismo estarían incurriendo en una generalización injusta con aquellos periodísticas muy lúcidos que hay en la Argentina, dignos, que no se enriquecieron ilícitamente con la profesión. Es cierto que sobresale la parte más opaca y decadente del periodismo argentino, una franja demasiado grande. El oficialismo no se puede escudar en la flojedad intelectual del periodismo o en la presunta mala calidad ética, para negarse a responder preguntas, aunque parece que, obligado por las circunstancias políticas, varió de parecer.
¿Algunos periodistas son burros?
Sea como fuere, sí es cierto que existe un periodismo decadente, bobo, poco preparado, burro, atolondrado y muy fascita, que convive con un periodismo consciente que sabe muy bien qué intereses defiende, igualmente de fascita. En esa convivencia también aparece un periodismo crítico del gobierno y reflexivo sobre la misma actividad periodística que no es fascita ni corrupto. Los periodistas, como los políticos, surgen de una misma sociedad y esa sociedad también es hipócrita, boba, racista, fascita y violenta; otra parte es democrática, solidaria no fascita, crítica y lúcida; y quizá hay más fracciones de la sociedad con otras carácterísticas o, con la mezcla de aquellos defectos y virtudes. Nunca una sociedad presenta buenos y malos, en una fórmula maniquea.
Más allá o más acá de la opinión del gobierno sobre el periodismo en general, sí es cierto que en los últimos años se observa una amplia franja del periodismo argentino que se parece más a la policía, que aboga todos los días por el orden y que dice o escribe a favor de la gente, pero siempre y cuando esa gente no se movilice para pedir aumentos de salarios u otras reivindicaciones. Parece ser que se trata de un periodismo que no le gusta que la sociedad se movilice y que cuenta como aliada a una franja de la sociedad, especialmente porteña, totalment fascista, violenta e hipócrita. Creo que habría que buscar por ese camino.
Se trata de un periodismo en el que milita el perraje chico multicolor de radio, televisión y redacciones, que gana escaso salarios y viaja en colectivo, o quizá tiene algún automóvil. En esas filas también juegan cuadros periodísticos intermedios y, obviamente, grandes monigotes que comen bifes en grandes mansiones enrejadas. Todos piden el orden, especialmente cuando el orden es interrumpido por pobres, pero cuando los que cortan rutas o calles son sectores muy poderosos, ese periodismo-policía hace silencio. Cuando al guapito del barrio le aparecía uno que era más guapo o más grande que él, se borraba y nosotros decíamos risueñamente: “Se comió lo mocos”, para graficar que se había cagado todo y que se había borrado. Eso le pasa al periodismo vigilante cuando el que corta la ruta es uno más guapo, que encima de ser más grande: !Es el que pone la pauta publicitaria¡ Se come los mocos.
*Es periodista y especialista en literatura latinoamericana.
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