González y Gatica: Escrituras enfrentadas Marzo 10, 2009
Posted by losfundadores in Crítica literaria.add a comment
Por Horacio Raúl Campos.
La ideología estética de Héctor David Gatica se encuentra en las antípodas de la de Joaquín V. González, porque el escritor de Villa Nidia no hace suyo el nativismo del escritor de Nonogasta.
Las diferencias, aunque la aclaración resulte obvia, no están fijadas por las meras localidades geográficas en que ambos nacieron.
El primero inmovilizó en su proyecto nativista conservador a las montañas, las plantas frutales y a una determinada fauna que utilizó conscientemente para dejar por escrito su visión de mundo, en una determinada etapa histórica del país, cuando el sistema político y el roquismo en particular necesitaban el sosiego y el orden para imponer su proyecto.
El extremo sur de los llanos es el espacio primordial del nacimiento de Gatica, aunque el horizonte espacial se encuentra ampliado.
En González, en cambio, leemos una idealización infantil de los espacios, opera a favor de un detenimiento del tiempo y los ubica en una presunta edad dorada, que luego es rota por los bárbaros, aunque luego todo vuelve a su estado original.
La diferencia fundamental entre ambos proyectos narrativos radica en que Gatica no idealiza los espacios, ni los personajes, ni la fauna. Bajo ningún punto de vista Gatica sublima la naturaleza, como sí lo hace el nonogasteño.
González huye de la urbanidad hacia las montañas y se esconde en el pueblecillo poético y feudal –como él mismo define a su espacio- en busca de amparo e inmovilidad, frente a una escena multicultural que le ofrecen los grandes centros urbanos.
Los inmigrantes y sus movilizaciones, especialmente los ubicados en Buenos Aires, son los sujetos a quienes el sistema político y cultural dominante enfrenta desde la experiencia real (represión, leyes) como desde la ficción (teatro, poesía, cuentos, novelas).
Frente a ello, Gatica levanta una voz narrativa que da cuenta de la construcción social y de los establecimientos humanos, como así también da cuenta del vitalismo de los hombres y mujeres y también de la resignación, degradación y muerte.
Los personajes de Gatica son vitales, están asentados en sus tierras, trabajan, pueblan, tienen hijos, se degradan, emigran, pierden todo. Mueren viejos, unos, o son asesinados, otros. Sobre todo no son linajudos, ni tienen antepasados guerreros o aristocráticos, ni son tontos o sometidos a burlas, como en las ficciones nativistas de González.
La tremenda fuerza narrativa de Gatica nos presenta una escritura con un fuerte aroma a carne y hueso. Y de allí que en otra ocasión me tomé el atrevimiento de encasillar a su escritura en lo que llamé un ‘realismo rural’. Sin embargo, no estoy tan seguro de ese encasillamiento. Las clasificaciones, en la literatura, las más de las veces impiden conocer la escritura de un determinado autor o acotan su examen.
La escritura de Gatica es literatura y listo. Es literatura universal escrita desde y en La Rioja como la escrita por Chejov, Roa Basto o Rulfo.
No es literatura regional o provincial como la mayoría de los críticos quieren ver en la escritura de Gatica. Esto sería menospreciar su obra o reducir inocentemente su escritura.
El rastro del guanaco
Así se llama uno de los cuentos de Gatica, incluido en Los fundadores del olvido, Buenos Aires, Legasa, 1989. La violencia es uno de los elementos fundamentales en la cuentística de este escritor. En el ‘El rastro del guanaco’ aparece la descarnada violencia de la última dictadura.
Decíamos que Gatica amplía los espacios en su ficción. No aparece, como en la narrativa de González, un pueblecillo estático. En Gatica no sólo aparecen las localidades que lo vieron nacer, sino también otros lugares, aparecen localidades de otro países, es decir, aparece Latinoamérica, los Llanos y la Cordillera de los Andes.
En ese cuento se pueden leer la construcción y la destrucción; la vida y la muerte; el trabajo, el éxodo y el saqueo; y el guanaco como antagonista del cóndor: “Para Juan no era el cóndor el señor de la montaña sino el guanaco”, escribe el narrador/autor.
Por lo tanto, la escritura de Gatica no sólo es diametralmente opuesta a la de González, sino que polemiza y replica a la del nonogasteño. El cóndor, en González, huye de la tierra hacia las alturas, se levanta, es más liviano, se aleja de la tierra. Y es para este escritor el dueño de los Andes, el ave sublime.
El cóndor es una metáfora del mismo González, que por medio de la ficción le permite huir del ruido que en la experiencia del mundo real hay en la tierra, en Gatica, en cambio, el guanaco es una metáfora de los propietarios reales de la tierra, de los puestos, de las cabras y de la escasez de agua, pequeños propietarios y propietarias, que luego son despojados y asesinados.
El guanaco, a diferencia de ese cóndor nativista, circula por la tierra, no está atado a la tierra, sino que se mueve por ella, por la llanura y por las laderas de las sierras, huye del enemigo, porque el guanaco, como el personaje principal de ese cuento de Gatica, Juan Pereyra, está cercado y se ve obligado a esquivar al perseguidor.
En ese cuento se narra la violencia, como muchos cuentos, novelas y poesías de nuestro continente. Sin embargo, en Gatica hay una diferencia fundamental. Voy a nombrar sólo dos cuentos de nuestra literatura Latinoamericana: ‘La muerte tiene permiso’ de Edmundo Valadés, relato en que ante la injusticia, los pobres hacen justicia por mano propia y ‘El trueno entre las hojas’ de Roa Bastos, donde los explotados se agarran a los tiros con los explotadores.
Aquí nada de eso ocurre. No ocurre nada ante el despojo. El siguiente diálogo nos revela una enorme resignación, quizá miedo o impotencia. Juan, el personaje central, luego de perder todo deambula de pueblo en pueblo, clandestino y al llegar a Jagué entabla un diálogo con un antiguo poblador de allí:
“-¿Por qué te largaste Juan a andar así con tu familia, como si fueras un pailero?
-Me quitaron la tierra, obligándome a recibir el pago de una miseria por ella.
-¿Y por qué no te quedaste a pelearla?
-Me sentía muy solo. Donde mete mano gente del gobierno se hace muy difícil”.
Se trata de la derrota final propinada por una combinación de intereses particulares y la participación del Estado colonizado por esos intereses de clase. Se trata del Estado terrorista que mata a Juan.
La justicia por mano propia en este cuento de Gatica se invierte. No son los pobres y humillados, cansados de la injusticia, que se rebelan y pasan a la acción, sino que aquí el que hace “justicia” por mano propia, al margen de la legalidad, es el Estado y contra de los despojados. El cuento, en definitiva, es el relato de una derrota, la más fuerte, una de las más contundentes que sufrieron los de abajo.
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