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Cómo era Chamical antes de la dictadura marzo 28, 2010

Posted by losfundadores in Notas.
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 Por Roberto Pochi Valdés*

   Por fin he podido conocer Chamical, el pago de mi amigo Horacio Raúl Campos. Para mí es sólo ‘Raúl’. El siguiente escrito es para contar algo de la vida de Chamical anterior a la dictadura, es decir, cómo era esa ciudad hasta la dictadura. El escrito no configura una historia, aunque en parte lo sea, y se redactó sobre la base de testimonios de mi amigo. De mutuo acuerdo accedí a escribir sobre la base de lo que él me contó durante varios años y de mis propias observaciones. A 34 años de aquel golpe de Estado.

Las significaciones profundas de la dictadura

   La dictadura cívico-militar que dio el golpe de Estado en la Argentina el 24 de marzo de 1976 y que aplicó el terrorismo estatal hasta el 10 de diciembre de 1983 significó la muerte en varios sentidos. Ese “proceso” significó una brutal restauración de las peores políticas económicas, laborales y sociales impuestas en la Argentina, que retrocedió a 1910 o al período anterior a los primeros gobiernos peronistas. Produjo matanzas, desapariciones y represión dramáticamente horizontales. Nadie quedó a salvo: Obreros de comisiones internas de plantas industriales, personas de todas las religiones y clases sociales: católicos, evangelistas, judíos, musulmanes, etc.

  Mató a funcionarios y diplomáticos de la misma dictadura, personal de las fuerzas de seguridad, a militares, soldados conscriptos, actores, amas de casa, empresarios, dirigentes políticos y sindicales, funcionarios de todos los niveles del Estado del período anterior, estudiantes universitarios y secundarios, adolescentes, curas, laicos obispos, periodistas, escritores y personas de las diversas profesiones: contadores, abogados, bioquímicos, ingenieros, docentes, historiadores, arquitectos y a “todos los enemigos de la patria”, con el exclusivo fin de aplicar un programa económico y cultural.

   Hay unas lacerantes presencias en nuestro país que son herencias de aquella dictadura, cuya ferocidad ya se había manifestado en otras dictaduras de otros países: Recuérdese la experiencia chilena a partir de 1973 o la matanza de Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana, donde la práctica de hacer desaparecer o tirar al mar a opositores, sospechosos y a otros por las dudas la venía realizando con creces desde finales del ’30 hasta los inicios de los ’60 cuando lo asesinaron.

Los trenes

   ¿Y cómo se manifiesta la decadencia de la Argentina después de 1976? En Chamical, por ejemplo, antes de la dictadura había trenes de carga, me decía Raúl. El año pasado recorrí las instalaciones ferroviarias de allí. La estación se llamaba o se llama Gobernador Gordillo. Aunque inservibles y abandonadas, las vías están levemente enterradas y todavía se pueden apreciar la estructura general del complejo de carga de materias primas (yeso, granito, laja, maderas, carbón), el galpón de reparaciones, vestigios para la carga de agua, depósitos de mercaderías, casas de empleados ferroviarios y la estación misma que todavía se mantiene en pie y mis propias observaciones no contradijeron el relato de mi colega de hace varios años.

   Cuando mi amigo me contaba de su Chamical de fines del ’60 y de la primera mitad de los ’70 se me hacía que me contaba la historia de un pueblo de ficción, por la forma que contaba, sus énfasis, detalles y demás. Así fue que me decía que había también trenes de pasajeros entre Córdoba y La Rioja y que obviamente se detenían en Chamical, porque entre las dos capitales de esas provincias, Chamical era una de las localidades más importantes, junto a Cruz del Eje y otras de las sierras cordobesas.

   El intenso tráfico ferroviario semanal se completaba, me decía, con la circulación de un Coche Motor, que era algo así como un tren rápido de unos pocos vagones entre Córdoba y La Rioja. No me supo precisar si tenía un precio diferencial por ser rápido y que también creía que cumplía un servicio postal.

   En otra ocasión, creo que nos encontrábamos en una pizzería cerca de la Estación Lanús y apenas nos sentamos me alardeó con las precisiones: “La estación de Chamical está en el kilómetro 666,8”. Era un dato innecesario y que sólo era aportado para eliminar todo vestigio de incredulidad de mí parte.

   “El tren pasajero pasaba por la mañana hacia la capital de La Rioja y a la vuelta lo hacía de noche para Córdoba. Por las noches, la estación era parte del paseo nocturno porque íbamos hasta ahí, mirábamos quien se iba, quién llegaba, había chicas que se asomaban por las ventanillas y como el tren paraba un largo rato, entonces, a veces, nos subíamos al tren, sólo para molestar”, recuerdo que me contaba en una de las tantas charlas en pizzerías de Lanús o de Lomas, en mi casa o en el bar de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, donde lo conocí.

La Ñusta, el frigorífico y los festivales

     ¿Y qué más había en Chamical antes de la decadencia como decís vos?, le pregunté un día en mi casa. Existía una gaseosa local, me cuenta. Me puntualiza que se llamaba Ñusta y que tenía cinco sabores. Sin embargo, la gaseosa regional, y oficial de la zona, no pudo competir con las actuales marcas monopólicas y sucumbió. ¡Una gaseosa propia!, había exclamado yo cuando me lo contó. ¡Esa sí que no te la creo! Bueno, no me creas, investigá por tu cuenta, chequeá el dato y listo, me había respondido casi con desgano, en una de esas desaforadas noches de verano, cerca del Parque Ulrico Schmidl, donde vivía yo con Lucía.

   Las fiestas, los bailes y el funcionamiento de clubes que todo pueblo chico o grande ostenta no podían estar ausentes. Me dice que también había un gran festival folclórico, que se hacía anualmente en octubre, en coincidencia con las ‘Fiestas de Polco’ en honor a la Virgen del Rosario de Polco, una fiesta patronal que se lleva a cabo precisamente en Polco, un lugar que también visité y que es pintoresco y muy agradable. Está cerca de las sierras que cruzan por Chamical y esas festividades religiosas se realizan los dos primeros domingos de octubre.

   Era un festival folclórico, me dice, anual, que se llamaba ‘Lanzamiento folclórico de los Llanos Riojanos’ en el que participaban artistas locales, provinciales y reconocidos representantes nacionales. ¿Quién de los reconocidos folcloristas argentinos de aquellos momentos estuvo ahí?, lo apuré a Raúl una noche en mi casa, mientras comíamos con Lucía, que entonces era mi novia y tengo tan presente esa noche porque fue un odioso 1 abril de 1991 porque amanecí con una terrible bronquitis que cambió mi vida por muchos años.

   Me gustaría saber por qué le pusieron ‘Lanzamiento’ al festival que es un nombre que le podría caber a la primera edición y talvez no tanto a las restantes. Creo, me cuenta, que por la influencia de la base. ¿Qué base? Después te cuento, me promete esa misma noche.

   Ahora no recuerdo bien quiénes iban a ese festival, me desilusiona. Todos los grupos de folcloristas del 60 y el 70 y los solistas de aquel momento fueron al menos una vez a ese festival. También recuerdo, dice, que había una manía por tapar todas las veredas de tierra con piedra laja. ¿Cómo?, le pregunto un poco azorado. Sí, en vez de baldosas, les ponían lajas, se suponía que para hacerlas más lindas, porque en la zona había muchas lajas, en realidad, las canteras de lajas estaban en Olta, un pueblo que está al sur de Chamical, cerca, ahí no más. Creo que lo hacían las autoridades municipales y me parece que todo les salía gratis, al menos la mano de obra, porque trabajaban soldados de la base de ahí. Bueno, está bien, pero no te olvides de contarme un día lo de la base, le había pedido.

   Y el año pasado, la tarde que llegué a Retiro con Lucía para viajar a Chamical, en la empresa Urquiza, Raúl me esperaba en uno de los bares de allí, para despedirnos como lo había prometido el día anterior, ocasión en que me relató un catálogo de cosas. “Vas a ir al pueblo donde antes de la dictadura funcionaba hasta un frigorífico”, me dijo. Y los tres nos reímos porque nos hacía volver a la época de estudiantes de periodismo en Lomas o a las charlas posteriores a la salida de alguna materia de letras. ¿Un frigorífico?, pregunté extrañado. Sí, un frigorífico. ¿Qué tiene de raro?, me recriminó ¿Y qué hacían en el frigorífico? Me contó que allí se elaboraron diferentes tipos de embutidos que se distribuían en provincias vecinas. ¿Y de qué eran los embustidos? A eso lo tenés que investigar vos, me respondió. Luego me explicó que un pequeño porcentaje de las elaboraciones eran de carne de vaca y que el resto no te lo tenías que imaginar para poder comer la mortadela sin prevenciones.

   También había otros espectáculos como carreras de motos o de bicicletas, los domingos, claro, me dice, por un circuito callejero, con representantes locales y de otras provincias y así podíamos disfrutar de las motos Zanella 125 que volaban por las calles y las esquinas, en ocasiones de fechas patrias, me explica, aunque a veces también lo hacían para el aniversario del pueblo. “En realidad el aniversario del pueblo habría que celebrarlo para la fundación de Polco, porque Chamical nace o desciende de Polco, es decir que Chamical tiene fácilmente trecientos años, aunque los primeros pobladores del actual pueblo se radicaron a fines del siglo XIX”, me enfatiza, y le creo, sobre todo porque no le puedo refutar nada, ya que me confieso ignorante de la historia del pueblo de mi amigo. Aunque a mí me parece que Chamical es uno de esos pueblos o ciudades que creció a orillas de una estación ferroviaria  como fruto del proyecto roquista del ’80, agroexportador.

 Me dice también que disfrutaban mucho de los grandes bailes de carnaval y los premios para los disfrazados y recuerda que una vez se disfrazó de botella de Ñusta y que como el disfraz estaba hecho de cartones una noche de tormenta se le deshilachó el disfraz y no pudo concursar. En este último episodio talvez se halla entreverada la realidad y la ficción y más allá de eso el traspié no deja de ser gracioso.

Cine, cohetes y fútbol

   ¿Chamical era la sede central de una liga de fútbol?, pregunté bastante incrédulo porque me había empezado a contar que se disputaba un campeonato anual. Sí, me dice, había una cancha de fútbol, como los reglamentos oficiales mandan, y participaban los equipos locales y equipos de otros municipios vecinos. ¿Y qué capacidad tenía la cancha? ¿Cómo qué capacidad? Sí, cuánta gente entraba. Ah, sí, no sé, en aquel momento tenía tribunas detrás de un arco, donde siempre iban los hinchas del Club Barrio Argentino, que eran algo así como los eternos visitantes, porque Chamical estaba dividido en dos, precisamente por las vías ferroviarias, y entonces, para el Este estaba, en realidad todavía está, ese club, que monopolizaba casi todo el cincuenta por ciento de la ciudad y de la afición futbolera, y en el Oeste convivían las hinchadas de los restantes tres o cuatro clubes , y los de Argentino eran como visitantes porque en el Oeste estaba la única cancha, y la otra tribuna estaba  en un costado, del lado norte, que se había estrenado, creo, un día que fue Banfield y le ganó 3 a 1 a la Liga, y me aclara que él era o es hincha de Tiro Federal, uno de los clubes, porque tenía la camiseta de Boca, pero sobre todo porque era del Oeste de la ciudad. Vivía, me dice, justo al lado de una enorme carpintería, cuyas máquinas aullaban durante el día haciendo muebles, puertas y ventanas.

   Antes me comentabas que soldados conscriptos ayudaban a poner las piedras lajas en las veredas para las épocas del festival. Supongo que eran de la base que mencionaste antes.  Ah, sí, eran de la base, porque antes en Chamical había una base de la Fuerza Aérea y hacían pruebas con cohetes. ¿Cohetes? Sí, cohetes, misiles. ¡Misiles! Esas es otra que no te la creo ni aunque estuviese mirando el lanzamiento de uno. Sí, me tenés que creer. Se tiraban cohetes de investigación atmosférica. Pero de la base sólo quedan sus instalaciones vacías, con escaso personal. “Antes allí, entre el personal civil, militar y los familiares y los soldados, habría unas quinientas personas”, puntualiza

   ¿Sabías que vi La Tregua en Chamical? Y eso suena más verosímil porque un cine al menos habría, todo pueblo tiene uno. ”Había tres”, me dice con tono sobrador. ¡Tres cines había! Sí, tres cines. Y un día me llevaron de la escuela para ver ese bodrio llamado El santo de la espada. Ojo, me aclara, también veíamos bodrios por nuestra cuenta, sin que nadie nos obligase. Uno de los cines estaba frente a la Plaza Castro Barros, el Apolo, que dependía de la Iglesia; otro, el cine Mayo, estaba frente a la Plaza San Martín, la principal del pueblo; y el otro, se encontraba dentro de la base, aunque a veces se abría para el resto del pueblo. Y como si alguien hubiese planificado su ubicación, los tres equidistaban. Me quedé pensando en el nombre de uno de los cines, el primero que nombraste, ‘Apolo’, por qué le habrán puesto Apolo. Seguramente que el nombre, conjetura Raúl, habría sido elegido por alguno de los curas de la Iglesia El Salvador hacia fines de los ’60 como un homenaje al viaje a la Luna, no sé, o al supuesto viaje a la Luna.

   Con cuáles de todas esas cosas nos vamos a encontrar, le pregunto. Raúl me dice: “Pochi, Lucía, que tengan un muy buen viaje y espero que disfruten”. Nos abraza una y otra vez. Con Nada, responde, cuando ya casi teníamos un pie en el primer escalón del Urquiza. ¡Sólo los afectos!, nos enfatiza.-

*Es periodista y está actualmente radicado en Temperley, provincia de Buenos Aires.

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Comentarios»

1. omar - marzo 30, 2010

¡¡Qué linda historia!!

Me recordaste a la Ñusta, que yo la tomaba cuando -viajando en las vacaciones hacia Rosario y al pueblo del sur de Santa Fe donde nací- parábamos a tomar algo fresco en ese bar, cuyo nombre no logro recordar ahora, con algo de “Huasi”. ¿Puede ser? ¿Tal vez “Cóndor Huasi”?

Mi memoria infantil me dice que tenía un frente con troncos, o decoración con maderas, o algo así. Estaba al oeste de Chamical, ¿cerca de la entrada?. Pasaron casi cin…¿cuántos? años, hermano, difícil recordar tanto.

Y los cohetes de la base del CELPA, que desde mi Chilecito de adopción veíamos lanzar y la llamarada de su estallido, que festejábamos como idiotas, pobres pibes pavos, venir a comprender tantos años después -ya adultos- que eso pioneros abrían huellas de lo que, después, sería una tecnología como la del misil Cóndor, orgullo de nuestra materia gris.

Y que esos “fracasos” – según nuestra tonta ingenuidad- eran triunfos, porque abrieron una senda que otro riojano, años después, se encargó de cerrar.

Y me acuerdo de esa ruta de infierno, que había que hacer, desde Chilecito hasta Serrezuela o Soto (donde recién había pavimento), puro médano y ripio, pasando por Chamical, o “Gobernador Gordillo”, como rezaban los carteles. Y vaya uno a saber quién cornos era el tal Gordillo, pero no importa.

Por eso Chamical y la Ñusta, eran el merecido alto en el camino, para refrescarse. Y, con las papilas gustativas de la memoria, aún paladeo esa gaseosa incomparable.

Y no voy a hablar de la “Bidú Cola” porque se me notará la nostalgia por un tiempo que se fue. Y que ya no regresará.

Salvo que alguien como vos, hermano, gracias a tu crónica, dispares del gatillo de la memoria de las cosas lindas.

Gracias!

Omar

Ah!, casi lo olvido!!

¿Y la usina que funcionaba durante algunas horas y que, a las 12 de la noche se apagaba y se terminaba la luz?¨Principios de los ’60, dice mi memoria falluta.

Si nos habremos quedado con cara de idiotas y los dueños del bar a reirse -imagino- por no saber que había horario de corte de luz, pobres viajeros que nos quedábamos remoloneando en las mesas. Y, buen modo de rajar a la clientela, cerrar, e irse a dormir.

Mejor me callo, o los recuerdos seguirán brotando

losfundadores - marzo 30, 2010

Hola Omar
Gracias por tus comentarios. Y el bar donde paraban los colectivos era Chulun/m Huasi (no recuerdo si terminaba con N o M).
Abrazos
horacio raúl campos.

2. Omar - marzo 31, 2010

Hola Raúl y Roberto

Pienso, pienso y no logro recordar ese nombre “Chulum” o “Chulun”. ¿De adónde se me habrá quedado pegado el tal “Cóndor”?

Y ahora que lo dijiste, ¡sí, lo recuerdo!. No había terminal, aún, en Chamical, y en ese bar tan agradable y bien atendido, paraban los colectivos que iban desde Chilecito o La Rioja, hasta Córdoba, Rosario y Buenos Aires.

Y también los viajeros en sus autos, o los camioneros.

Era un hito de Los Llanos y de las rutas. Uno paraba sí o sí a refrescarse allí. ¿Habrá alguna foto del bar, para que la subas al blog?

Sería lindo, alguna vez, poder contar la historia de ese bar. Y, también, la de la Ñusta, la gaseosa riojana que tomábamos los pibes de principios de los ’60. Las otras (las “famosas”) ni existían para nosotros. Solo pedíamos Ñusta y nada más. La menciono y siento el sabor, qué cosa la nostalgia!!

Dale, no te quedes, escribí algo. Tal vez tengamos suerte y aún los dueños vivan y puedan contar su historia. ¿Existirá la fábrica y sus maquinarias? ¿Se podrá entrevistar a quienes elaboraban la Ñusta, si los dueños ya no viven? ¿Habrá sido una “fórmula secreta”?

¿Cuántas provincias podrían contar la historia de haber tenido su propia marca de gaseosa? No creo que sean muchas. ¿Y ciudades del mismo tamaño que Chamical?

Un abrazo y gracias por los recuerdos gratos!

3. losfundadores - abril 1, 2010

Hola.
Sí, son cosas que yo le conté a Pochi Valdés y a otros amigos. Y se largó a escribirlas. Me dijo que habrá más, veremos si cumple.
Desde ya gracias a vos y a todos los que escribieron y a los tres y mil y pico que leyeron y leen las cosas publicadas aquí.
Saludos
Horacio Raúl Campos.

4. ramona - abril 17, 2011

me encanta que alguien se interese por escrubir sobre nuestra ciudad,seria lindo que los docentes en las escuelas tambien recuerden a los alumnos de donde venimos y como es que formamos nuesra ciudad

losfundadores - agosto 20, 2011

Hola Ramona,
Gracias por tus comentarios
y de ahora en más habrá más cosas en el blog
Atte
Horacio


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